El esquema de productividad roto

Vivir en la cuidad y trabajar en una oficina es una vida muy cómoda, tenemos todo accesible, disponible, dentro de tiempo razonable, tenemos una empresa o servicio que soluciona los problemas que nos pueden surgir y al final pensamos que podríamos tener todo.

Al mismo tiempo en este entorno cada vez nos desconectamos de nuestra intuición e instinto de sobrevivencia. ¡Qué manera de dejar de debilitarnos!

Ahora llevo ya dos semanas viviendo en el huerto y hospedería ecológica Ecobatey. No cobertura, no internet,  no agua caliente, no hay muchas más personas de los que viven en los montes y los pocos que suben de visita. Todo el suministro de la casa está montado a mano, con un sistema de tuberías y pozos delicado con que uno hasta se pierde siguiendo los tubos en el monte.

Una noche de lluvia significa que los filtros que se pueden tapar con las hojas que caen, las ramas que entran y se nos va la electricidad, se nos va el agua, se descongela el pollo etc.. Por lo que antes de hacer nada en la mañana uno debe subirse a la montaña a enfrentarse con lo que encuentre o que venga por el camino. Tubería rota, presión baja, palos en la poza, gomita rota o limpiando el filtro de repente se revienta la pieza conectador dándote una buena ducha etc. Te despierta el instinto de sobrevivencia.

Cuando viviendo en la cuidad abrimos el grifo y sale el agua, enchufamos el móvil para cargar, realmente no pensamos en la magia que es eso. Uno que haya agua o electricidad, dos que directamente llegue a nuestras casas. ¡Qué abundancia y lujo y qué poco lo valoramos!

En Ecobatey uno pasa diría 60% del día con tareas para sobrevivir como por ejemplo conseguir cosas comestibles, preparar la comida, arreglar los rotos o mejorar los que están, apaños por los baños, revisión y arreglo de la hidroeléctrica o panel solar, juego de huevos de las gallinas, coger hojas para los baters etc. Y el 40% realmente al huerto.

El listado de tareas es infinito. Se necesita organización y coordinación para asegurar que llegamos a tener todo lo necesario completado entre los que somos y con la ayuda con que podemos contar. Los imprevistos también entran en juego. Lo que más sorprendente es que las prioridades son muy claras para todos al mismo tiempo. No hay dudas de qué hacemos antes o después, todos sabemos las implicaciones de la tubería de la hidroeléctrica rota y empezamos subiendo a arreglarlo cuanto antes. Pasamos 3-4 horas con ello, algo que no estaba ni planeado ni previsto. Después llegamos a las tareas del huerto también, pero ya más tarde. Aun así, la comida se hace tranquilamente con tiempo de calidad, porqué aquí no tenemos horas y minutos limite. No vamos al límite, trabajamos y solucionamos los imprevistos con gusto, cariño y siempre con actitud positiva, aunque algunas tareas sean las mismas todos los días.

Me cuesta cambiar mi mentalidad de alto rendimiento que intenta exprimir todos los minutos del día produciendo o progresando hasta el objetivo. Si mi mente se da cuenta que llevo casi 40 minutos sujetando un tubo mientras otros dos intentan avanzar la solución o que llevo toda la mañana moviendo montones de tierra de un sitio a 20 centímetro más a un lado y después volver a colocar al mismo sitio me salta la alarma automática de inutilidad.

La mente optimizadora y calculadora que no ve más allá de tiempos, tareas, objetivo, conseguir, terminar, descansar.

Hay que hacerle ver a la mente que por desconocimiento está valorando mal la situación y que se calle y empiece a escuchar ya de una vez.

Si no estaría sujetando el tubo se complicaría el trabajo de los otros dos, ya solo por la compañía entre los tres pasamos mejor el trabajo que solo uno enfrentándose con el marrón.

Y esa tierra que movemos llevaba allí ya casi un año, que ni es tierra, pero es abono que se ha formado de las hierbas y otras plantas cortadas. Moviendo damos oxígeno al abono, separamos las partes que aún son más hierbas o raíces que tierra y es un trabajo fundamental para que no se queme el abono. Es una de los materiales más importantes en un huerto orgánico que debemos cuidar al máximo para asegurar que las planticas tengan nutrientes.

Más vale hacerlo más lento, pero con mucho cariño y super-correcto que corriendo con prisas. No hay prisas, slow-quality work, no hay clientes llamando, ni otras peticiones entrando. Empezamos y terminamos procesos, porqué aquí hay un traspaso de energías, desde el bosuqe al huerto, desde las manos a las semillas, desde el abono a las planticas, todo está conectado circularmente. Respeta y no introduzcas energias negativas a un circulo tan mágico que fluye. Y si tienes un bajón, siéntate mirando las montañas de frente y respira, te tranquilizarán.

Vistas desde el huerto

Danilo y Tuti tienen un conocimiento muy diferente de lo mío. Tienen conocimiento experiencial de sobrevivencia, de naturaleza, de situaciones, de cultivo, de tierra, del tiempo, de apaños, de montes, de plantas, de animales…gran parte de mi conocimiento no vale nada en estas situaciones.

Como es otro contexto, es otro conocimiento que tiene validez. Dejar mi personalidad que le encanta enseñar, para activar a mi personalidad que le encanta aprender y sentirse gilipollas al inicio. En este monte Danilo es el crack, conoce no solo todos los tipos de plantas, pero cada uno de los árboles, cada uno quién lo plantó, cuánto tiempo lleva allí qué cosas le pasaron etc. etc.

Qué suerte poder escucharles y sujetar ese tubo que se convierte en los 40 minutos más valiosos del día de experiencia, aprendizaje y con ello de traspaso de conocimientos.

Y cuando llega la noche terminarás con la sensación de ‘qué día tan productivo, cuántas cosas hemos hecho y qué bien’ 

Hola Luna, buenas noches huerto

Puesta de sol mágica